Celebrando la Misa Ad Orientem, Ad Deum y Versus Populum

Cart Pastoral del Reverendísimo James Sean Wall

Celebrando la Misa Ad Orientem, Ad Deum y Versus Populum

Mis queridos amigos en Cristo,

Recientemente, el Papa emérito Benedicto XVI, escribió una carta poderosa, en la cual habló de varios temas, y en particular sobre la crisis del abuso sexual que ha impactado la Iglesia y incluso la sociedad entera.  En su carta también habló de la Eucaristía.  Hizo notar, con razón, que hemos sido demasiado relajados en nuestra manera de tratar la Eucaristía.  Hay varios motivos por eso, incluso casos extremos donde la Eucaristía ha sido distribuida a no Católicos en casamientos y otros eventos grandes por razones de “inclusión”.  Sabemos sin embargo que tal “inclusividad” es realmente peligroso porque mete el alma en riesgo con la escusa de no querer ofender.  Acuérdese de San Pablo:  “Por eso, el que coma o beba la copa del Señor indignamente tendrán que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.  Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (1Cor. 11:27-29).

Haremos bien entonces, de recordar que la Eucaristía no es simplemente un hermoso “signo” o “símbolo” de comunión con Dios, sino realmente es comunión con Dios.  (De hecho, tan lejos de ser simplemente un símbolo en el sentido moderno de la palabra que la autora Flannery O’Conner dijo la famosa frase “Si solo es un símbolo, entonces al diablo con el!”) Esto porque la Eucaristía no es sino el mismo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, y es la fuente y culminación de la vida Cristiana. (Lumen Gentium 11).

La carta del Papa Benedicto nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre cómo mejor respetar el Santísimo Sacramento de la Eucaristia.  Por supuesto, hay varias maneras para lograr esto: llegar temprano para preparar la Misa en oración; quedar después para dar una Acción de Gracias; vestirse apropiadamente por Misa y en la iglesia; mantener bien el ayuno de una hora antes de recibir la Comunión; haciendo la Confesión regularmente, aún una vez por mes; como también recibiendo la Comunion  con la reverencia y no con apuro, son cosas que me vienen a la mente (Catecismo de la Iglesia Católica 1385-1389).  Hay, sin embargo, una práctica que quisiera subrayar aquí.  Se trata de ejercitar la opción de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa mirando “hacia el este” (ad orientem) o hacia Dios (ad Deum) diferente de celebrarlo hacia el pueblo (versus populum).

Algunos, tal vez, han escuchado de esto, incluso hayan asistido en Misas celebrados de esta manera.  La manera que muchos se refieran a estas Misas es, normalmente de manera negativa, que el sacerdote reza “de espaldas a la gente.”  Técnicamente, eso es cierto, pero en gran medida pierde el sentido más profundo y más grande: el culto ad orientem muestra, aún en su orientación física, que el sacerdote y los fieles están unidos en uno, también en la orientación de su cuerpos, dando culto a Dios, en un acto de culto trinitario… Donde el sacerdote y la gente se orienten de la misma manera, tenemos no sólo una orientación cósmica sino también una interpretation de la Eucaristía en términos de una teología de la resurrección y de la Trinidad.  De esta manera es también una interpretación de la Parousia [fin del mundo], una teología de la esperanza, en la cual cada Misa es un acercamiento al retorno de Cristo” (Joseph Ratzinger, Feast of Faith, p. 140).

Celebrando la Misa ad orientem, entonces, busca recordarnos de todos estos factores importantes de nuestra fe, y al final, que la Misa no se trata en primer lugar de nosotros, sino de Dios y su gloria – de hacer culto a El como El desea y no como pensemos mejor por nosotros.  Es su labor, después de todo, no el nuestro, y nosotros simplemente entramos en el gracias a su voluntad amorosa.  En el año 2007, el Papa Benedicto habló precisamente de esto en su discurso a los Monjes de la Abadia de Heiligenkreuz en Vienna:

            En todos nuestros esfuerzos en hacer la liturgia, el elemento principal debe ser siempre nuestra mirada hacia Dios.  Nos paramos delante de Dios – el habla a nosotros y nosotros a él.  Cuando a nuestro modo de pensar busquemos sólo de hacer de la liturgia más atractiva, interesante o bello, hemos ya perdido la batalla.  O es Opus Dei [la obra de Dios], con Dios como el sujeto específico, o no lo es.  En esta luz, les pido celebrar la liturgia sagrada con su mirada fija en Dios dentro la comunión de los Santos, la Iglesia viviente de todo los tiempos y lugares, para que sea verdaderamente una expresión de la belleza a la cual Dios quien ha llamado hombres y mujeres hacer sus amigos!

Note la enfasis en mirar hacia Dios juntos!

Otra objeción común o por lo menos un mal entendido es que esta manera particular de celebrar Misa fuera prohibido durante o después del Concilio Vaticano Segundo. Esto no es preciso, dado que ningún documento conciliar menciona eso.  Además, una lectura precisa de los rubros de la Misal Romano mostrará aún hoy que ad orientem es la postura normal presumida en la Misa: frecuentemente describe al sacerdote “girando para mirar hacia la gente” que implica que mira hacia el altar antes y después de hacerlo.

Para comenzar: se bien que este puede ser un tema controvercial.  Hacer cambios en la manera que recemos puede ser difícil, particularmente cuando se trata de oración litúrgica. Explicando y promoviendo esto no intento causar una crisis en la manera que la gente reza en nuestra Diocesis. Más bien, buscó abrir el tesoro del patrimonio de la Iglesia, para que, junto podamos tener la experiencia de una de las maneras que la Iglesia siempre rezó, empezando con Jesús y alcanzando nuestos días, y así aprender de la sabiduría “siempre antiguo,  siempre nuevo” de la Iglesia.

Con eso en mente, déjeme empezar con una nota histórica breve.  Resumiendo, podemos decir que celebrando la Misa ad orientem es una de las prácticas más antiguas y consistentes en la vida del Iglesia – es una parte de cómo la Iglesia siempre  ha entendidó la adoracion apropriada a Dios. Uwe Michael Lang ha publicado un libro hablando sobre esto,  entitulado Mirando hacia el Señor: Orientacion en Oracion Liturgica y publicado por Ignatius Press. Su estudio extensivo y completo muestra este hecho: que en las palabras de Cardinal Ratzinger,  “a pesar de todas las variaciones en práctica que han tomado lugar aún bien entrado en el segundo milenio una cosa ha permanecido claro para todo la cristiandad: rezando hacia el este es una tradicion que tiene su origen desde el inicio”. (El Espiriu del a Liturgia, p. 75).  Esto significa que la celebración de la Misa al orientem no es una forma de anticuarianismo, es decir, eligiendo hacer algo porque es antiguo, sino más bien eligiendo hacer algo que siempre ha sido. Esto tambien significa, a su vez, que el culto versus populum es extremadamente nuevo en la vida de la Iglesia y mientras sigue siendo una opción litúrgica válida hoy, debe estar considerada una novedad cuando viene a la celebración de la Misa.         

Déjeme ahora dar una explicación breve del culto ad orientem o ad Deus. La oración y el culto hacia el este (ad orientem la oración orientada) “es primero y antes que nada una expresión simple de mirar hacia Cristo como el lugar del encuentro entre Dios y el hombre. Expresa la forma cristologica básica de nuestra oración. Orando hacia el este significa ir al encuentro del Cristo que viene.  La liturgia, mirando hacia el este, afecta la entrada, por así decirlo, en la procesión de la historia hacia el futuro, el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra, donde nos encontramos en Cristo” (Joseph Ratzinger, The Spirit of the Liturgy, p. 69-70).

El culto al oriente en este esta manera es un recuerdo poderoso de lo que estamos haciendo en la Misa encontrando a Cristo quien viene a nuestro encuentro. Prácticamente hablando, esto significa que las cosas aparecerán un poco diferente, porque en tales Misas el sacerdote mira en la misma dirección como la asemblea cuando él está al altar. Más específicamente, cuando habla a Dios, tal como durante las oraciones y la Oración Eucarística el mira en la misma dirección del pueblo, esto es, hacia Dios (ad Deum). El lo hace físicamente,  para usar una frase querido a San Agustín, mirando hacia el Señor presente en el Santísimo Sacramento.   En contraste, sedirije el se voltea paraver los de Frente (versus populum).

Finalmente, déjeme decir unas palabras sobre el asunto de preferencia. Hay un dicho viejo que dice de gustibus non est disputandum: cuando se trate de gustos no hay espacio para el debate. Hasta un cierto punto eso es verdad. Nadie puede culpar a otros por gustar helado de chocolate más que de menta o un Chevrolet más que un Ford. Cuando se trata de la manera en la cual demos culto a Dios, sin embargo, nada es simplemente un asunto de gusto. Monseñor Carlos Pope lo explicó muy bien: preferencias deben estar enraizados en principios litúrgicos sólidos. […] La gente es imortiente, y deben estar nutridas y participar inteligentemente en la Liturgia Sagrada –  pero no de una manera que hace olvidar que el labor último de la liturgia no es simplemente para dar gusto o enriquecernos sino para estar enfocados y dar culto al Señor” (National Catholic Register, “5 Cosas para recordar en la Discusión ‘Ad Orientem’,” 8 de agosto de 2016).

Por todo esos motivos he decidido que desde el reciente Solemnidad de Corpus Christi, la Misa Dominical de las 11 será de ahora en adelante celebrada ad orientem en el Catedral de el Sagrado Corazón.

Esto provee a los fieles con la oportunidad de asistir a la Misa de esta manera que todavía está aprobada y generosamente permitida por la Iglesia. Eso es también una práctica que me gustaría animar por toda la Diócesis de Gallup. Yo creo que es pastoral ofrecer Misas ad orientem y versus populum, para que, juntos, podamos todos estar expuestos a las riquezas variadas de la Iglesia y su historia de oración. Con San Agustín, déjeme concluir con esta oración sincera: en nuestra adoracion, corazones, y vidas, “vayamos hacia el Señor Dios Padre Todopoderoso, y con un corazón puro démosle acción de gracias sinceras tan bien como nuestra pequeñez permitiera … que El incremente nuestra fe, guie nuestra mente, nos de pensamientos espirituales, y al final nos guieasu bienaventuranza, por medio de Jesucristo su Hijo. Amén.  Que Dios los bendiga.

Sinceramente vuestro en Cristo,

El Reverendísimo James S. Wall

Dada en Gallup, en la Curia/Catedral, este día XXII de Julio, en el año del Señor MMXIX, décimo de nuestro Episcopado, en la Memoria de Santa María Magdalena.

Featured image credit: Peter Zelasko

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